TRABAJAR mucho y producir poco es algo que a todos nos debiera inquietar. Todos queremos mayor tiempo para nuestros intereses y nuestras pasiones. Como país, se da la compleja misión de conciliar armonía colectiva, bienestar personal y crecimiento económico. No basta una cifra del PIB.

Necesitamos concentrarnos en una expansión en la productividad que genere crecimiento, mayor equidad y bienestar económico y social. Sabido es que nuestro país tiene, según la OCDE, una alta desigualdad de ingresos medida por el coeficiente de Gini (desde 1 = máxima desigualdad a 0 = mínima desigualdad). Lo sorprendente es que antes de impuestos y transferencias, Chile es como el Reino Unido, y casi la misma que Alemania, Israel y Estados Unidos. La diferencia está en que Reino Unido con un estado más productivo y eficiente post impuestos y transferencias, logra convertirse en un país más justo y equitativo (Gini varía de 0,53 a 0,34) mientras que nosotros, post impuestos no avanzamos mucho (0,53 a 0,50).

Además, los países más ricos que Chile trabajan menos y producen más. Agregan más valor por hora trabajada. Lo que algunos llaman inspiración versus transpiración. En Chile trabajamos 48% más horas al año que en Alemania, según OCDE, pero en cada una de estas horas producimos 60% menos. Productividad.

Sigamos: La crisis subprime exacerbó la desigualdad de género en todo el mundo pero nos dejó una buena noticia: las empresas con más mujeres en sus directorios reportan menos pérdidas. El aporte femenino es otro imperativo económico. Kathy Matsui de Goldman Sachs demostró, basada en cifras, que a medida que crece la participación de las mujeres en la economía se incrementa el PIB de los países. El Foro Económico Mundial muestra datos reveladores. La paridad de género en el empleo podría elevar el PIB de países de la UE en 12%; Japón en 9% y Estados Unidos en 5%.

Otro desafío productivo que debemos afrontar es el de las empresas en Chile: menos del 20% de las empresas realiza innovación. De ellas, sólo la mitad conoce los financiamientos públicos de apoyo existentes, y sólo un tercio los utiliza. Conversando con profesionales de Innova Corfo, he sabido que los presupuestos que el Estado destina a CTI (Ciencia, Tecnología e Innovación), son de aproximadamente US$ 1.000 millones. Sin embargo, las cinco razones para no innovar, según las empresas son: altos costos de la innovación; falta de fondos propios; falta de financiamiento externo; incertidumbre ante la demanda; y dificultad para cooperar.

La capacidad de innovación de las empresas es crucial a la hora de generar valor y productividad. Nuestras empresas son por demasiado tiempo, demasiado pequeñas. Crecer en tamaño es clave para la eficiencia. Podría seguir con los ejemplos. El desafío de la productividad nos convoca a todos y en igualdad de género: académicos, policy makers, funcionarios, ejecutivos, emprendedores, empresarios. Tenemos una tarea titánica, compleja y apasionante por delante. A mi parecer, la épica que tiene este desafío es que cabemos todos. Podemos cada uno, desde nuestras pasiones, intereses y mundos en los cuales participamos, sumarnos a poner nuestro talento, experiencia, conocimiento y pasión al servicio de la patria. Así, Chile podrá contar una historia diferente en los próximos 25 años, donde nuestros hijos convivirán en la sociedad que desde hoy hayamos construido y eso hace toda la diferencia entre un futuro sin sentido y un futuro con propósito.

Socio y director de proyectos de Gulliver S.A.

 

http://papeldigital.info/lt/2016/02/15/01/paginas/027.pdf

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